El pasado 3 de marzo, Juli Obregon abrió el concierto de Big Time Rush en el Movistar Arena, que reunió a miles de fans de la banda estadounidense.
Pero lo que hizo especial no fue solo el tamaño del escenario ni la magnitud del evento. Fue la historia detrás: años atrás, Juli era una fan más del fenómeno pop que marcó a toda una generación.
La artista argentina contó que vivió el momento con una emoción enorme, porque durante su infancia seguía a la banda estadounidense que se volvió mundialmente famosa gracias a la serie Big Time Rush de Nickelodeon. En ese programa, Kendall Schmidt, James Maslow, Carlos PenaVega y Logan Henderson interpretaban a una banda juvenil que soñaba con triunfar en la música. Con el tiempo, ese proyecto televisivo se convirtió en un fenómeno real que conquistó escenarios en todo el mundo.
La noche también contó con la participación especial de Katelyn Tarver y Stephen Kramer Glickman, recordados por su participación en el universo de la serie televisiva de la banda, lo que sumó aún más nostalgia y entusiasmo entre los fans.
Más de una década después de aquel boom pop, la banda regresó a Argentina con miles de fans listos para revivir canciones que marcaron los años 2010, como Boyfriend, Worldwide o Windows Down. Y antes de que el grupo subiera al escenario, la primera voz que escuchó el estadio fue la de Juli Obregon.
La elección de la cantante como telonera no fue casual. Juli atraviesa uno de los momentos más fuertes de su carrera: suma más de 200.000 oyentes mensuales en Spotify, supera los 50 millones de reproducciones en distintas plataformas y fue destacada por Rolling Stone en Español como “Artist to Watch 2026”, un reconocimiento que confirmó su proyección dentro del nuevo pop argentino.
En paralelo, la artista viene presentando “Deja Vu”, un single que combina nostalgia dosmilera con producción electrónica actual. El tema mezcla elementos del house y el EDM con influencias cercanas al estilo de David Guetta y Calvin Harris, mientras su videoclip recupera la estética nocturna y rebelde de los basements de principios de los 2000.
Aquella noche en el Movistar Arena no fue solo otro show en su agenda. Fue el momento en el que una fan de la infancia terminó compartiendo escenario con la banda que escuchaba años atrás.
