Hay parejas que nacen en silencio y otras que lo hacen bajo los reflectores. La de Ana Mena y Óscar Casas pertenece a esta última categoría, eligieron la naturalidad. “Llevamos la relación con normalidad, no nos escondemos, pero somos bastante discretos con nuestra vida privada”, aseguran. Sin estrategias ni sobreexposición, viven un romance que avanza al mismo ritmo que sus carreras.
Ambos protagonizan la nueva portada de GQ, donde concedieron una entrevista en la que hablan abiertamente de su relación, del inicio de su historia y del momento profesional que atraviesan. En esa conversación íntima y honesta, repasaron cómo el vínculo comenzó durante el rodaje de Idolos, la primera película centrada en el campeonato mundial de motociclismo, dirigida por Mat Whitecross. En la ficción, Oscar interpreta a Edu, un piloto impulsivo que debe elegir entre la ambición deportiva y el amor. Ana por su parte encarna a Luna, una tatuadora que irrumpe en su vida en el momento más decisivo.
El proyecto también marcó un giro personal para la cantante. Tras un 2024 de agenda extrema, decidió frenar y descartar un álbum completo para reencontrarse creativamente. Hoy trabaja en un nuevo disco más orgánico y personal, con letras directas y menos filtro. En paralelo, sumará su participación como protagonista en la segunda temporada de Furia, ampliando su consolidación como actriz.
Para Óscar, la película implicó una transformación física y emocional: entrenamiento con motos de competición, pérdida de peso y una construcción meticulosa del personaje. El actor reconoce que la obsesión por el trabajo es un rasgo que comparte con su papel, y que su apellido, inevitablemente ligado a su hermano Mario Casas, ha sido tanto impulso como desafío en su trayectoria.
Más allá del fenómeno fan que generan juntos, ambos reflexionan sobre el amor en tiempos de hiperconexión. Coinciden en que la inmediatez digital puede debilitar vínculos, pero también valoran la calma como signo de madurez. “La felicidad no es euforia constante, es tranquilidad”, explica Ana. Y esa serenidad es, según confiesan en su charla con, el mayor logro de su historia compartida.
Entre motores, giras y nuevos proyectos, Ana Mena y Óscar Casas atraviesan un momento bisagra: consolidación profesional y estabilidad emocional. La entrevista confirma lo que transmiten en pantalla y fuera de ella: no buscan esconderse ni convertir su relación en espectáculo. Prefieren que el foco esté en el trabajo y que lo personal conserve su espacio propio. En una industria donde todo se amplifica, su decisión parece clara: compartir lo justo, cuidar lo importante y dejar que la historia avance con naturalidad.
